martes, 6 de octubre de 2009

SAN DAMIAN DE MOLOKAI

SANTO CURA DE ARS

Boletín Nº 2

DIÓCESIS DE SAN JUSTO
Parroquia SAN PABLO
Ramos Mejía
AÑO SACERDOTAL
El Santo Padre Benedicto XVI, ha declarado el año Sacerdotal, dedicado a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Patrono de los Párrocos y, desde este año, de todos los Sacerdotes del mundo.

DESERTOR INVOLUNTARIO

El apetito de poder de Napoleón era insaciable. Se había lanzado a la conquista de Europa, lo que provocó que muchos muriesen en su ejército. La falta de soldados lo llevó a reclutar más aun y en el 1806 la clase de Juan Bautista fue llamada a enlistarse. Pasaron dos años, pero en el otoño de 1809, Juan Bautista, a pesar de estar exento por ser seminarista, fue llamado para el ejército. Parece que el nombre de nuestro santo no estaba escrito en las listas oficiales de los estudiantes de la Iglesia que las diócesis proveían a las autoridades. El joven Vianney fue mandado a los regimientos de España. Sus padres trataron de encontrar un substituto y por la suma de 3,000 francos un joven se voluntarizó para ir en su lugar pero se arrepintió al último minuto.

El 26 de Octubre Juan Bautista entró en las barracas de Lyons solo para enfermarse. De aquí lo enviaron al hospital de Roanne donde la enfermera encargada lo ayudó a volver a tener el aspecto de buena salud. Enero 6, 1810, Juan Bautista dejó el hospital, para encontrarse con la noticia de que su compañía se había marchado hacía mucho tiempo. Solo quedaba el tratar de alcanzarles.

El invierno era recio y una fiebre altísima lo atacó lo que provocó que muy pronto no pudiese seguir avanzando. Entrando, en un cobertizo que le dio cobijo, se sentó sobre su bolsa y comenzó a rezar el Rosario. Dijo tiempo después que "Quizás nunca lo recé con tanta confianza". De pronto un extraño se le presentó frente a él y le preguntó: "¿qué estás haciendo aquí?". Juan Bautista le contó lo que le había pasado y desde ese momento el extraño cargó su pesada bolsa y le dijo que le siguiese. Llegaron a la casa de un labrador y allí estuvo por varios días hasta que se le pasó la fiebre. Mientras estaba en cama por primera vez pasó por su mente la realidad de que sin haber sido culpa suya, el era ahora un desertor.

Conocía al Mayor Paul Fayot, quién se dedicaba a esconder desertores y acudió a el, pero no tenía lugar y le recomendó quedarse en la casa de su prima Caludine Fayot, una viuda con cuatro niños. Desde ese momento Vianney adoptó el nombre de Jerome Vincent. Bajo ese nombre llegó hasta abrir una escuela para los niños de la villa.

En el 1810 un decreto imperial concedió amnistía a todos los desertores de los años 1806 a 1810. Juan Bautista estaba cubierto por este decreto así que era libre de regresar a casa y terminar sus estudios. La Divina Providencia y la asistencia de la Virgen lo habían salvado.

Su madre murió poco después de esta feliz reunión. Ahora tenía 24 años y el tiempo apremiaba. El 28 de Mayo de 1811 recibió la tonsura. El Padre Balley, viendo esencial que fuese a tomar estudios regulares lo mandó al Seminario Menor de Verrieres. Aquí el joven Vianney sufrió y tuvo gran faena, pero nunca brilló como un filósofo.

DIFICULTAD CON LOS ESTUDIOS

En Octubre 1813, entró en el Seminario Mayor de Lyons. Su inadecuado conocimiento del latín le hizo imposible captar lo que los profesores decían o responder a las preguntas que le eran hechas. Al final de su primer término le pidieron que se marchara, y su dolor y desaliento eran inmensos. Por algún tiempo pensó en irse a una de tantas congregaciones de hermanos religiosos; sin embargo una vez más el Padre Balley vino en su rescate y sus estudios le fueron dados en privado en Ecculy. Pero no pasó el examen previo a la ordenación. Un examen privado en la rectoría de Ecculy probó ser más satisfactorio y fue tomado como suficiente, siendo juzgadas justamente sus cualidades morales que sobrepasaban cualquier falta académica.

En Agosto 13, 1815, Juan Bautista Vianney fue elevado al sacerdocio, a esa inefable dignidad de la que tan frecuentemente hablaba diciendo: "El Sacerdote solo será entendido en el cielo"; tenía 29 años de edad.

Su primera Misa la dijo en la capilla de Seminario en Grenoble.

En su regreso a Ecculy la copa de felicidad rebosó cuando se enteró que sería ayudante de su santo amigo y maestro, el Padre Balley. Pero las autoridades diocesanas determinaron que por un tiempo, el que luego pasaría gran parte de su vida en un confesionario, no debía tener las facultades para confesar. Mas tarde, el Padre Balley habló con las autoridades eclesiásticas y el fue su primer penitente.

Su hermana Margarita decía: "él no predicaba muy bien todavía, pero la gente acudía en masa cuando le tocaba a él predicar".

En Diciembre 17, 1817, murió en sus brazos su querido amigo el Padre Balley, a quien lloró como si hubiese sido su padre. El, que era tan desprendido de las cosas materiales, hasta el fin de su vida tendría un pequeño espejo de mano que perteneció a su maestro y padre, porque él decía que "Había reflejado su rostro". Poco tiempo de la muerte del Padre Balley, M. Vianney fue asignado al pueblo de Ars, un pequeño y aislado pueblo donde se pensó que sus limitaciones intelectuales no podrían hacer mucho daño..

“Todavía conservo en el corazón el recuerdo del primer párroco con el que comencé mi ministerio como joven sacerdote: fue para mí un ejemplo de entrega sin reservas al propio ministerio pastoral, llegando a morir cuando llevaba el viático a un enfermo grave. También repaso los innumerables hermanos que he conocido a lo largo de mi vida y últimamente en mis viajes pastorales a diversas naciones, comprometidos generosamente en el ejercicio cotidiano de su ministerio sacerdotal” Benedicto XVI


RECEMOS TODOS LOS DÍAS POR NUESTRO PÁRROCO

SANTO CURA DE ARS

Boletín Nº 1 AÑO SACERDOTAL

DIÓCESIS DE SAN JUSTO
Parroquia SAN PABLO
Ramos Mejía

El Santo Padre Benedicto XVI, ha declarado el año Sacerdotal, dedicado a San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars, Patrono de los Párrocos y, desde este año, de todos los Sacerdotes del mundo.

Pero ¿quién era Juan María Vianney?

A lo largo de este año iremos conociendo su vida y su obra, para descubrir la importancia y la necesidad que la Iglesia y el mundo tienen de Sacerdotes Santos

INFANCIA
San Juan Bautista Vianney nació el 8 de Mayo de 1786 y fue Bautizado el mismo día. Era el cuarto de ocho hermanos. Como muchos otros santos, disfrutó de la preciosa ventaja de haber nacido de padres verdaderamente cristianos.

Su padre era el dueño de una finca y su madre era nativa del pueblo de Ecully, el cual, como Dardilly, el lugar donde nació el santo, estaban cerca de la ciudad de Lyon.

Su familia vivía de las faenas en el campo: cuidado de animales, cultivos, viñedos.
La amabilidad hacia los pobres y necesitados era una virtud familiar; ningún mendigo fue nunca arrojado de sus puertas. Así fue como un día fueron privilegiados de dar hospitalidad a San Benito Labre, cuando el patrono de los mendigos pasó por el pueblo de Dardilly en uno de sus peregrinajes a Roma.

Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños. El campo era su lugar preferido, las flores, los árboles, toda la naturaleza le hablaba de Dios, en quien encontraba el descanso de su corazón.

Con frecuencia se iba bajo la sombra de un árbol grande y allí, hacía como un pequeño altar donde ponía la imagen de la Virgen Santísima, que siempre llevaba y llevaría toda su vida junto a él; y a los pies de la Madre, descargaba su corazón con la confianza de un niño pequeño.
En otras ocasiones llamaría a sus otros compañeros pastores y les compartiría las cosas del Señor que aprendía de su mamá, siendo éstas sus primeras clases de catecismo que luego, diariamente compartiría con los habitantes de Ars, siendo este uno de sus más grandes ministerios como sacerdote. Tenía la costumbre de hacer la señal de la cruz, cada vez que sonaba el reloj.

Francia en esta época de 1790, estaba pasando una gran crisis -La Revolución Francesa- que con el pretexto de implantar "Libertad, igualdad y fraternidad" desató una masiva persecución que llevó a la guillotina a muchos hombres y mujeres, incluyendo a muchos sacerdotes y religiosas.
Los sacerdotes tenían que disfrazarse, cambiando constantemente de domicilio, para poder servir al pueblo de Dios, que permanecía fiel. Entre estos sacerdotes se encuentran dos que serán muy importantes en la vocación de San Juan: el Padre Balley y el Padre Groboz, quienes trabajaban ambos en Ecculy. Uno hacía de panadero y el otro de cocinero.
Es en este tiempo en el que Juan Bautista hace su Primera Comunión en Ecculy, en la casa de su mamá. Buscando no llamar la atención de las autoridades, trajeron carros de heno y los pusieron frente a las ventanas y comenzaron a descargarlos durante la ceremonia para evitar conflicto. Juan Bautista tenía 13 años, y aún siendo tan mayorcito corrieron lágrimas por sus mejillas al recibir al Señor, y durante toda su vida hablaría siempre de este día y atesoraría el rosario que su madre le regaló.

ESTUDIANTE
Al subir al poder Napoleón Bonaparte, gradualmente, la Iglesia obtuvo cierta libertad.
Por corto tiempo Juan Bautista asistió a una escuela de su pueblo, pero ahora que estaba creciendo, cada vez más los campos exigían de su trabajo. Fue en estas largas horas de faena en las que su convicción de ser sacerdote creció en su mente. Se decía: "Si soy sacerdote podría ganar muchas almas para Dios", y este pensamiento lo compartía con su madre, en quien encontraba apoyo, pero su padre se oponía. Tuvieron que pasar dos años para que el padre aceptase las aspiraciones de su hijo de ser sacerdote.
El Arzobispo de Lyon, quien era tío de Napoleón, sabía que su primer deber era buscar candidatos para el sacerdocio y así cada parroquia fue instruida para que se iniciase una campaña para promover las vocaciones al sacerdocio. El Padre Balley, párroco de Ecculy, abrió en la rectoría una pequeña escuela para formar aquellos jóvenes que sintiesen la vocación. Era la oportunidad para Juan Bautista; podía ir a la escuela del Padre Balley y quedarse en la casa de su tía. Hasta su padre vio las ventajas de esta oportunidad y le dio el permiso para irse. Juan Bautista tenía 20 años.
Muchos dicen que era torpe. Sin embargo no puede haber algo mas lejos de la realidad. Su juicio nunca estuvo errado, pero su memoria era pobre. El mismo decía: "Que no podía guardar nada en su mala cabeza".
Al ver que le era tan difícil retener especialmente la gramática del Latín, en un momento de desesperación casi regresa a su casa, pero felizmente el Padre Balley captó el peligro en el que se hallaba su estudiante, y le pidió que hiciese una peregrinación al Santuario de San Francisco Regis, en Louvesc. El peregrinaje logró un cambio en él, lo que hizo que su progreso fuese por lo menos lo suficiente para salvarlo del sentimiento de desaliento que casi logra apartarlo de sus estudios.




"El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús", repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars. Esta conmovedora expresión nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma. Tengo presente a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida. ¿Cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Y ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de "amigos de Cristo", llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?” Benedicto XVI

lunes, 5 de octubre de 2009

PADRE DAMIAN DE VEUSTER

EL PRÓXIMO DOMINGO 11 DE OCTUBRE EL SANTO PADRE BENEDICTO XVI CANONIZARÁ AL P. DAMIÁN DE VEUSTER. EN SU HOMENAJE PUBLICAMOS SU BIOGRAFÍA Y LA HISTORIA DEL MILAGRO QUE CONFIRMÓ SU SANTIDAD.
BENDITO SEA DIOS EN SUS SANTOS!!
RECUERDO HABER LEÍDO SU VIDA CUANDO ERA JOVENCITO Y EL AÚN NO ESTABA BEATIFICADO, TAL VEZ SU MODELO SACERDOTAL ME IMPULSÓ A DESCUBRIR ESTA HERMOSA VOCACIÓN.

El Padre Damián nació el 3 de enero de 1840, en Tremeloo, Bélgica.

De pequeño en la escuela ya gozaba haciendo como obras manuales, casitas como la de los misioneros en las selvas. Tenía ese deseo interior de ir un día a lejanas tierras a misionar.

De joven fue arrollado por una carroza, y se levantó sin ninguna herida. El médico que lo revisó exclamó: "Este muchacho tiene energías para emprender trabajos muy grandes".

Un día siendo apenas de ocho años dispuso irse con su hermanita a vivir como ermitaños en un bosque solitario, a dedicarse a la oración. El susto de la familia fue grande cuando notó su desaparición. Afortunadamente unos campesinos los encontraron por allá y los devolvieron a casa. La mamá se preguntaba: ¿qué será lo que a este niño le espera en el futuro?

De joven tuvo que trabajar muy duro en el campo para ayudar a sus padres que eran muy pobres. Esto le dio una gran fortaleza y lo hizo práctico en muchos trabajos de construcción, de albañilería y de cultivo de tierras, lo cual le iba a ser muy útil en la isla lejana donde más tarde iba a misionar.
A los 18 años lo enviaron a Bruselas (la capital) a estudiar, pero los compañeros se le burlaban por sus modos acampesinados que tenía de hablar y de comportarse. Al principio aguantó con paciencia, pero un día, cuando las burlas llegaron a extremos, agarró por los hombros a uno de los peores burladores y con él derribó a otros cuatro. Todos rieron, pero en adelante ya le tuvieron respeto y, pronto, con su amabilidad se ganó las simpatías de sus compañeros.

Religioso. A los 20 años escribió a sus padres pidiéndoles permiso para entrar de religioso en la comunidad de los sagrados Corazones. Su hermano Jorge se burlaba de él diciéndole que era mejor ganar dinero que dedicarse a ganar almas (el tal hermano perdió la fe más tarde).

Una gracia pedida y concedida. Muchas veces se arrodillaba ante la imagen del gran misionero, San Francisco Javier y le decía al santo: "Por favor alcánzame de Dios la gracia de ser un misionero, como tú". Y sucedió que a otro religioso de la comunidad le correspondía irse a misionar a las islas Hawai, pero se enfermó, y los superiores le pidieron a Damián que se fuera él de misionero. Eso era lo que más deseaba.

Su primera conquista. En 1863 zarpó hacia su lejana misión en el viaje se hizo sumamente amigo del capitán del barco, el cual le dijo: "yo nunca me confieso. soy mal católico, pero le digo que con usted si me confesaría". Damián le respondió: "Todavía no soy sacerdote pero espero un día, cuando ya sea sacerdote, tener el gusto de absolverle todos sus pecados". Años mas tarde esto se cumplirá de manera formidable.

Empieza su misión. Poco después de llegar a Honolulú, fue ordenado Damián_Igl_SanJosé.jpg (17713 bytes) sacerdote y enviado a una pequeña isla de Hawai. las Primeras noches las pasó debajo de una palmera, porque no tenía casa para vivir. Casi todos los habitantes de la isla eran protestantes. Con la ayuda de unos pocos campesinos católicos construyó una capilla con techo de paja; y allí empezó a celebrar y a catequizar. Luego se dedicó con tanto cariño a todas las gentes, que los protestantes se fueron pasando casi todos al catolicismo.

Fue visitando uno a uno todos los ranchos de la isla y acabando con muchas creencias supersticiosas de esas pobres gentes y reemplazándolas por las verdaderas creencias. Llevaba medicinas y lograba la curación de numerosos enfermos. Pero había por allí unos que eran incurables: eran los leprosos.

Molokai, la isla maldita. Como en las islas Hawai había muchos leprosos, los vecinos obtuvieron del gobierno que a todo enfermo de lepra lo desterraran a la isla de Molokai. Esta isla se convirtió en un infierno de dolor sin esperanza. Los pobres enfermos, perseguidos en cacerías humanas, eran olvidados allí y dejados sin auxilios ni ayudas. Para olvidar sus penas se dedicaban los hombres al alcoholismo y los vicios y las mujeres a toda clase de supersticiones.

Enterrado vivo. Al saber estas noticias el Padre Damián le pidió al Sr. Obispo que le permitiera irse a vivir con los leprosos de Molokai. Al Monseñor le parecía casi increíble esta petición, pero le concedió el permiso, y allá se fue.

En 1873 llego a la isla de los leprosos. Antes de partir había dicho : "Sé que voy a un perpetuo destierro, y que tarde o temprano me contagiaré de la lepra. Pero ningún sacrificio es demasiado grande si se hace por Cristo".
Los leprosos lo recibieron con inmensa alegría. La primera noche tuvo que dormir también debajo de una palmera, porque no había habitación preparada para él. Luego se dedicó a visitar a los enfermos. Morían muchos y los demás se hallaban desesperados.

Trabajo y distracción. El Padre Damián empezó a crear fuentes de trabajo para que los leprosos estuvieran distraídos. Luego organizó una banda de música. Fue recogiendo a los enfermos mas abandonados, y él mismo los atendía como abnegado enfermero. Enseñaba reglas de higiene y poco a poco transformó la isla convirtiéndola en un sitio agradable para vivir.

Pidiendo al extranjero. Empezó a escribir al extranjero, especialmente a Alemania, y de allá le llegaban buenos donativos. Varios barcos desembarcaban alimentos en las costas, los cuales el misionero repartía de manera equitativa. Y también le enviaban medicinas, y dinero para ayudar a los más pobres. Hasta los protestantes se conmovían con sus cartas y le enviaban donativos para sus leprosos.

Confesión a larga distancia. Pero como la gente creía que la lepra era contagiosa, el gobierno prohibió al Padre Damián salir de la isla y tratar con los que pasaban por allí en los barcos. Y el sacerdote llevaba años sin poder confesarse. Entonces un día, al acercarse un barco que llevaba provisiones para los leprosos, el santo sacerdote se subió a una lancha y casi pegado al barco pidió a un sacerdote que allí viajaba, que lo confesara. Y a grito entero hizo desde allí su única y última confesión, y recibió la absolución de sus faltas.

Haciendo de todo. Como esas gentes no tenían casi dedos, ni manos, el Padre Damián les hacía él mismo el ataúd a los muertos, les cavaba la sepultura y fabricaba luego como un buen carpintero la cruz para sus tumbas. Preparaba sanas diversiones para alejar el aburrimiento, y cuando llegaban los huracanes y destruían los pobres ranchos, él en persona iba a ayudar a reconstruirlos.

Leproso para siempre. El santo para no demostrar desprecio a sus queridos leprosos, aceptaba fumar en la pipa que ellos habían usado. Los saludaba dándoles la mano. Compartía con ellos en todas las acciones del día. Y sucedió lo que tenía que suceder: que se contagió de la lepra. Y vino a saberlo de manera inesperada.

La señal fatal. Un día metió el pie en un una vasija que tenía agua sumamente caliente, y él no sintió nada. Entonces se dió cuenta de que estaba leproso. Enseguida se arrodilló ante un crucifijo y exclamó: "Señor. por amor a Ti y por la salvación de estos hijos tuyos, acepté esta terrible realidad. La enfermedad me ira carcomiendo el cuerpo, pero me alegra el pensar que cada día en que me encuentre más enfermo en la tierra, estaré más cerca de Ti para el cielo".

La enfermedad se fue extendiendo prontamente por su cuerpo. Los enfermos comentaban: "Qué elegante era el Padre Damián cuando llegó a vivir con nosotros, y que deforme lo ha puesto la enfermedad". Pero él añadía: "No importa que el cuerpo se vaya volviendo deforme y feo, si el alma se va volviendo hermosa y agradable a Dios".

Sorpresa final. Poco antes de que el gran sacerdote muriera, llegó a Molokai un barco. Era el del capitán que lo había traído cuando llegó de misionero. En aquél viaje le había dicho que con el único sacerdote con el cual se confesaría sería con él. Y ahora, el capitán venía expresamente a confesarse con el Padre Damián. Desde entonces la vida de este hombre de mar cambió y mejoró notablemente. También un hombre que había escrito calumniando al santo sacerdote llegó a pedirle perdón y se convirtió al catolicismo.

Y el 15 de abril de 1889 "el leproso voluntario", el Apóstol de los Leprosos, voló al cielo a recibir el premio tan merecido por su admirable caridad.
En 1994 el Papa Juan Pablo II, después de haber comprobado milagros obtenidos por la intercesión de este gran misionero, lo declaró beato, y patrono de los que trabajan entre los enfermos de lepra.

MILAGRO

HONOLULU, lunes 5 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- “Nadie ha sobrevivido a este cáncer. Esta enfermedad se la llevará”. Estas fueron las palabras del doctor Walter Chang a Audrey Toguchi en 1997. Científicamente no había nada qué hacer por ella.

Su curación fue el milagro decisivo para la canonización de padre Damian de Veuster, que tendrá lugar el próximo 11 de octubre, en una ceremonia presidida por el Papa Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

El padre Damian, miembro de la congregación de los Sagrados Corazones, conocido también como el Apóstol de los leprosos, nació en Bélgica en el año de 1840. A los 33 años se trasladó a la isla de Molokai (Hawaii), donde vivían los leprosos de manera aislada.

Privándose de todo, el sacerdote permaneció allí sirviendo, catequizando y administrando sacramentos a quienes habían contraído esta enfermedad. Fue contagiado de lepra y murió en 1899. El Papa Juan Pablo II lo beatificó en 1995.

Cáncer terminal

En 1996 Audrey, original de la Isla Oahu en el archipiélago de Hawaii, tenía 69 años. “No tenía ni idea que tenía cancer.”, testimonia en diálogo con ZENIT.

”Mi esposo me notó un bulto después de una caída – había resbalado días atrás, mientras limpiaba el piso de su casa - El doctor de la familia dijo que se trataba de un hematoma”.

Al año siguiente, el hematoma no había desaparecido. Al contrario, había crecido. Se sometió a nuevos exámenes y le descubrieron un liposarcoma en el muslo izquierdo. Se trataba de un cáncer maligno.

Se sometió un año después a una cirugía pero el cáncer ya se había esparcido. “Fue el cirujano quien descubrió, al extirparlo, que resultaba ser un cáncer terminal muy raro y agresivo”, comenta esta mujer.

“Otros oncólogos que estudiaron el caso dijeron que no había en el mundo ningún registro médico sobre una persona que hubiera sobrevivido a este tipo de enfermedad”, asegura.

Durante otro control, realizado en septiembre de 1998, las radiografías revelaron que el cáncer había hecho metástasis en los pulmones. Los médicos le diagnosticaron tres meses de vida.

Se sentía débil. No quiso quimioterapias ni más intervenciones médicas. Acudió así a una devoción que tiene desde niña, como buena hawaiana: “Siempre he querido al Padre Damian”, dice.

“Le he rezado toda mi vida. Por eso visité Kalawao (donde se encuentra su tumba), Molokai y nuestras iglesias durante muchos años”.

En noviembre de 1998, Adruey comenzó a sentir una gran mejoría. Los exámenes médicos demostraron que el cáncer estaba disminuyendo. Seis meses más tarde, según una exploración con rayos X, había una completa regresión de la metástasis sin haber usado ninguna terapia. El cáncer desapareció en un cien por ciento.

Mientras que para los médicos no hay explicación – lo dice su mismo doctor, que no es católico - para Audrey no hay duda que fue la mano de Damian desde el cielo, intercediendo ante Dios. Fueron muchas las plegarias que durante, años tanto ella como sus familiares hicieron al beato apóstol.

“Cuando quedé completamente curada por el amor del Señor y la intercesión del padre Damian, me sentí muy honrada y agradecida”, dice esta mujer.

El 18 de octubre 2007, los Peritos Médicos de la Congregación para la Causa de los Santos examinaron los documentos clínicos. Como se procede siempre cuando se busca una canonización, creyentes y no creyentes concluyeron con certeza moral que la curación no es solo excepcional sino “extranatural”.

Después, la Comisión de Teólogos determinó que se trataba de un milagro, alcanzado por la intercesión de Damián, requisito indispensable para que reciba el título de santo.

Toguchi habla de cómo el testimonio del padre Damian todavía hace mella en su pueblo: “Abandonó Bélgica cuando era muy joven. Era el pastor de los hawaiianos de todas las religiones, porque todos somos hijos de Dios. Aprendió y respetó la cultura hawaiana. Su figura es muy venerada entre nosotros. Ahora, después de 120 años, aún es muy querido aquí”.

Audrey Toguchi tiene hoy 82 años. De cabello blanco y lentes, muestra un rostro y una voz serenas, está llena de vitalidad. Asegura que, obviamente, viajará en Roma para la ceremonia de canonización.

Y concluyó su diálogo con ZENIT asegurando: “el presidente Abraham Lincoln, en 1860, dijo que Dios amaba a las personas corrientes porque se hizo una de ellas”.

“Yo soy una persona muy corriente. En su compasiva misericordia Dios me sanó y el padre Damian, que mostró un gran amor a los más rechazados de la humanidad, intercedió por mí”.

FUENTES EWTN Y ZENIT