Sabatina James. Del Islam al cristianismo: mi historia. La mujer dominada en el Islam actual.
Título: Del islam al cristianismo: mi historia.
Autora: Sabatina James.
Ediciones Palabra. Astor juvenil. Madrid 2006
Acabo de leer en Eurabia un artículo sobre la mujer en el Islam. El libro que presento es simplemente el testimonio de una joven paquistaní que va con su familia a Austria. Ahí siguiendo siendo fiel musulmana, adquiere la cultura europea y choca con la mentalidad tribal y primitiva de su familia. Una mentalidad que acaba siendo un resultado de la doctrina islámica sobre la mujer.
Si futuro ante el que se rebela: matrimonio concertado por sus padres y sumisión al marido; y falta de independencia para pasear, trabajar y vivir fuera del reducto del hogar.
En este caso la rebelión no es contra Dios, sino buscando un apoyo en Alá. Y acaba encontrando el mensaje cristiano a través de una Biblia que le dona un amigo. En Cristo encuentra comprensión, amor, seguridad y paz.
Y, cuando se hace cristiana vuelve a chocar contra el Islam. Si vida pende de un hilo porque el Islam castiga con la muerte la conversión a otra religión.
Drama real de nuestro tiempo y necesidad de reflexión en el Islam: la igual dignidad de hombre y mujer, la libertad de culto son dos aspectos necesarios para convertir la cultura islámica en una cultura de "humana".
No digo que ese progreso derive en la incredulidad o en la indiferencia entre religiones, sencillamente que se admita lo que ya el Cristianismo sostiene: la religión no se puede imponer por la fuerza; la libertad de elegir religión es un derecho fundamental, el hombre y la mujer siendo diferentes en cuanto al sexo, son idénticos en cuanto personas humanas y tienen los mismos derechos fundamentales.
lunes, 12 de julio de 2010
DENTRO DE CINCO HORAS VERÉ A JESÚS. VIDA DE JACQUES FESCH
Una conversión. Jacques Fesch: "dentro de cinco horas veré a Jesús".
semáforo literario: una conversión. Jacques Fesch: "dentro de cinco horas veré a Jesús".
Aragón Liberal (Enviado por: redacción) 11/02/07, 06:05 h
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Dentro de cinco horas veré a Jesús. Diario de prisión Autor: Jacques Fesch. Ediciones Palabra.
Jacques Fesch, francés nacido en 1930, fue condenado a muerte y guillotinado en 1957 por el asesinato de un policía después de un atraco. Dos meses antes de su muerte, comienza a escribir este diario espiritual, dirigido a su hija, en el que narra su fulgurante conversión en la cárcel, después de una juventud despreocupada. Fue entre las rejas cuando se produjo su acercamiento a Dios. Escribe sobre el consuelo y la alegría que recibe en la oración, pero también cuenta sus momentos de angustia ante la cercanía de la muerte.
Las páginas de Fesch son un relato de su arrepentimiento, pero también un ejemplo de fe y de esperanza en la misericordia divina. Ahora que la pena de muerte está en retroceso en el mundo, "Dentro de cinco horas veré a Jesús" constituye una muestra de las profundos cambios que puede experimentar un hombre. También revela que, incluso ante la perspectiva de la guillotina, la fe ayuda a no perder la esperanza de lo esencial: "un mal cuarto de hora ante toda la eternidad", dice Fesch. Junto al testimonio del propio Fesch, se incluye una biografía escrita por André Manaranche y algunas declaraciones de amigos y compañeros muy útiles para apreciar su conversión.
semáforo literario: una conversión. Jacques Fesch: "dentro de cinco horas veré a Jesús".
Aragón Liberal (Enviado por: redacción) 11/02/07, 06:05 h
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Dentro de cinco horas veré a Jesús. Diario de prisión Autor: Jacques Fesch. Ediciones Palabra.
Jacques Fesch, francés nacido en 1930, fue condenado a muerte y guillotinado en 1957 por el asesinato de un policía después de un atraco. Dos meses antes de su muerte, comienza a escribir este diario espiritual, dirigido a su hija, en el que narra su fulgurante conversión en la cárcel, después de una juventud despreocupada. Fue entre las rejas cuando se produjo su acercamiento a Dios. Escribe sobre el consuelo y la alegría que recibe en la oración, pero también cuenta sus momentos de angustia ante la cercanía de la muerte.
Las páginas de Fesch son un relato de su arrepentimiento, pero también un ejemplo de fe y de esperanza en la misericordia divina. Ahora que la pena de muerte está en retroceso en el mundo, "Dentro de cinco horas veré a Jesús" constituye una muestra de las profundos cambios que puede experimentar un hombre. También revela que, incluso ante la perspectiva de la guillotina, la fe ayuda a no perder la esperanza de lo esencial: "un mal cuarto de hora ante toda la eternidad", dice Fesch. Junto al testimonio del propio Fesch, se incluye una biografía escrita por André Manaranche y algunas declaraciones de amigos y compañeros muy útiles para apreciar su conversión.
CELIBATO Y SEXUALIDAD
Celibato y sexualidad.
Por Kanbei elJun 22, 2010 | EnTextos y meditaciones | Enviar reacción »
Raphael Bonelli, psiquiatra vienés, habla del celibato y la sexualidad
– Existe la tesis de que “hacer de la sexualidad un tabú”, como parte de la opinión pública reprocha a la Iglesia, conduce a una mala canalización de lo sexual. ¿Hay algo de verdad en eso?
– Hoy sabemos que la sexualidad debe controlarse para poder vivirla de forma sana y feliz. La violencia sexual y la pedofilia nos muestran que la sexualidad no puede vivirse sin contenciones, porque puede hacer daño. Sin embargo, sorprendentemente todavía muchos sueñan con que puede vivirse sin límites, y creen que ahí tenemos el paraíso terrenal. Esto proviene particularmente de la ideología del movimiento del 68. Esa imagen de la represión de la sexualidad se corresponde con una interpretación freudiana del hombre muy grosera y mecanicista, que permanece todavía en muchas cabezas, aunque hace mucho que fue superada. Desde la revolución sexual, sobre todo, hay varones que son de la opinión de que deben realizarse sexualmente, porque si no, podrían enfermar. La sexualidad se experimenta aquí como una necesidad imperiosa, y no ya como algo dirigido y controlado por la razón.
– ¿Sería menor la indignación ante los casos de abusos, si los sacerdotes católicos no estuvieran obligados al celibato?
– Puede ser que las emociones no se dispararan tanto si no estuviera de por medio el celibato, que resulta molesto para la mentalidad de hoy, porque muestra que un hombre puede contener sus apetitos sexuales por causa de un gran amor. Esto es algo que molesta a la ‘sociedad de la diversión’, que por eso arremete contra este bastión. Si los sacerdotes se casaran, no destacarían tanto, sino que serían como ‘uno de nosotros’. Es interesante ver que, en las Iglesias orientales, donde hay sacerdotes casados, se estima más a los célibes. También en las culturas monacales budistas se entiende que una vida consagrada a lo espiritual va unida al celibato.
El celibato como apertura a lo trascendente
– ¿El celibato puede dar lugar a una patología?
– El celibato puede hacer enfermar, si se vive incorrectamente. El celibato nunca es una forma de vida en sí mismo, sino que, desde una perspectiva psicodinámica, es humanamente un déficit, un desequilibrio, una herida. Pero este déficit hace posible una inmensa apertura a lo trascendente; por eso hay formas de vida célibe en todas las culturas. El celibato no puede explicarse sin el fenómeno de la fe y de la relación de amor con Dios. Cuando un hombre célibe no cultiva una intensa relación con su amor, esto es, con Dios, entonces se marchita humanamente o no aguanta.
También es importante que un hombre célibe sepa qué es una mujer y cómo relacionarse correctamente con ella. Demasiada intimidad y apertura puede conducir fácilmente a una situación de bloqueo. Por motivos profesionales, he conocido a varios sacerdotes que se han deslizado hacia relaciones amorosas que, de hecho, no querían en absoluto. Casi siempre, en un principio, el afectado no había sido sincero consigo mismo. Con frecuencia, afirmaba un anhelo pastoral, hasta que la creciente intensidad de la relación se transformó en corporal. En el origen está el déficit emocional de la soledad, que, en una relación sana con Dios, se llena con la oración. Cuando se descuida la oración por el estrés o el activismo, o se la vacía de contenido, el sacerdote se hace propenso a tales naturales deseos humanos.
–¿El celibato puede ser un “yugo ligero” para algunas personas, y en cambio, muy pesado o incluso insoportable para otros?
– Naturalmente, el impulso natural se acentúa de modos distintos, pero eso tiene mucho que ver también con experiencias previas, con fantasías y recuerdos. La capacidad de moderar el instinto sexual y de humanizarlo se denomina virtud de la templanza, que también ha sido redescubierta por psicólogos ateos como Martin Seligman. El objetivo es, como dice Tomás de Aquino, la armonía de la paz interior. Templanza significa conseguir un orden interno, en el que las propias fantasías y deseos se valoran correctamente y se cultivan o se reducen. Esto no sólo es válido para la sexualidad. Viktor Frankl dijo, con respecto a la auto-observación hipocondríaca: “Sólo el ojo enfermo se ve a sí mismo”. De modo similar, uno podría decir: “Sólo el sacerdote enfermo se mira a sí mismo; el sano tiene su confianza y sus ojos dirigidos hacia Dios”. Alguien que ha entregado completamente su vida empieza a patinar cuando comienza a buscarse a sí mismo o a realizarse egocéntricamente.
Seleccionar a los seminaristas
– Algunos opinan que quien opta por el celibato debe al menos tener, en lo sexual, conocimiento de aquello a lo que renuncia.
– Sí, por supuesto, deben saber a qué renuncian, pero no necesitan haberlo experimentado. Un psiquiatra no debe haber probado la heroína para ser un buen terapeuta en drogodependencias. La experiencia sexual no lo es todo. Un seminarista debe sobre todo tener experiencia espiritual.
– Hemos hablado sobre si el celibato puede hacer enfermar. Pregunto de otro modo: ¿Puede esta forma de vida atraer a personas inseguras o perturbadas en su sexualidad?
– No se puede descartar que atraiga también a personas de estas patologías. Personas que no se pueden relacionar con el otro sexo encuentran aquí una forma de vida en la que pueden pasar desapercibidas. Esto es especialmente problemático cuando hay personas que quieren vivir otra forma, enferma, de sexualidad, que daña a otras personas. Hay que tener mucho cuidado con quién entra a los seminarios, porque solo un hombre psíquicamente sano y estable es apto para la vocación sacerdotal.
– ¿Es posible que haya habido hombres con tendencias pederastas que se escondieran tras una sotana para pasar desapercibidos, o para protegerse de sus propias inclinaciones?
– Muchas personas con tendencias pedófilas van a parar al matrimonio; otras, al sacerdocio. De algún modo, uno piensa que debe hacer su vida cuando descubre en sí ese tipo de inclinaciones. Quizá piense que las tiene bajo control, o que la consagración sacerdotal le ha curado. Sigmund Freud afirma que la sexualidad es polimorfa y que tiene un lado perverso, y ahí algo tiene de razón. En una relación sexual normal, la mujer suele ser el correctivo. Pero si la sexualidad es vivida en soledad, por ejemplo, en términos de autoerotismo y pornografía, entonces no existen ya límites. La represión de la sexualidad es generalmente beneficiosa, cuando existen inclinaciones degeneradas. Me refiero al control de los pensamientos, de las fantasías; a no mirar indiscriminadamente la televisión. Así desaparecen la mayoría de las fantasías desviadas, que siempre están relacionada con una hipersexualidad, y permanecen las inclinaciones sexuales sanas.
Detectar trastornos de personalidad
– La relativización social de la pederastia proviene de ámbitos muy distintos.
– La psicología de la década de los 70 pretendió hacer creer que no existía nada intrínsecamente malo, o incluso que todo estaba bien, si la relación era consentida. En la década de los 70 y de los 80, hubo movimientos de liberación sexual que asumieron la defensa de la pedofilia. Un conocido político del Partido Verde alemán, aún en 1988, pidió la despenalización de la pedofilia consentida, una tesis de la que poco después se distanciaría. En aquel momento, era partidario de un movimiento por la despenalización y “despatologización” de las formas alternativas de sexualidad.
– ¿A qué se debe prestar más atención en la formación de sacerdotes? ¿Es posible detectar tendencias sexuales desviadas para descartar a los candidatos afectados?
– Por lo general, a lo largo de años de convivencia con los candidatos se ve si son o no apropiados. Los pedófilos suelen tener otros trastornos de personalidad que pueden detectarse. Uno ve, por ejemplo, cómo una persona se relaciona con los demás, y si es apto para servir y es capaz de obedecer. Ésas son virtudes que no están de moda, pero que muestran si alguien es psíquicamente sano, porque es capaz de no ponerse a sí mismo en primer plano, y ponerse al servicio de los demás. Cuando alguien debe ponerse siempre a sí mismo en primer plano, y necesita brillar, demuestra que se preocupa más del propio ego que de los demás. Eso es peligroso.
– ¿Es posible una educación para la castidad y el celibato en el seminario?
– Sí, y es absolutamente necesaria. El seminario está para enseñar la castidad sacerdotal. La aceptación de la propia sexualidad plena y de su hombría capacita al sacerdote para ser pastor paternal de otros. Eso incluye también enseñar a los hombres jóvenes a desarrollar su sexualidad desde la perspectiva del amor, como suelen integrarla naturalmente.
– ¿Qué puede aconsejar el psiquiatra a un sacerdote que flaquea en estos terrenos?
– Debe apartar la mirada de sí mismo y dirigirla a los otros, a su relación con Dios y a su ministerio sacerdotal. Normalmente los problemas sobre la castidad son problemas de personas que dedican demasiado tiempo a sí mismas. Cuando uno navega durante horas en Internet no puede sorprenderle que le asalten ideas estúpidas. La soledad y la sensación de que la propia vida carece de sentido son consecuencia de una falta de relación con Dios. Yo trato a personas adictas al sexo en Internet y casi todas ellas tienen problemas de relación con los demás. Por eso digo que los sacerdotes con este problema tienen un problema de pareja… con Dios. Y el yo es polimórficamente perverso. Cuando hay un problema, en todo caso hay que reconocer la dimensión patológica, y buscar ayuda profesional, sin avergonzarse por ello.
Traducción: Ricardo Benjumea.
TOMADA DE WWW.ELTESTIGOFIEL.ORG
Por Kanbei elJun 22, 2010 | EnTextos y meditaciones | Enviar reacción »
Raphael Bonelli, psiquiatra vienés, habla del celibato y la sexualidad
– Existe la tesis de que “hacer de la sexualidad un tabú”, como parte de la opinión pública reprocha a la Iglesia, conduce a una mala canalización de lo sexual. ¿Hay algo de verdad en eso?
– Hoy sabemos que la sexualidad debe controlarse para poder vivirla de forma sana y feliz. La violencia sexual y la pedofilia nos muestran que la sexualidad no puede vivirse sin contenciones, porque puede hacer daño. Sin embargo, sorprendentemente todavía muchos sueñan con que puede vivirse sin límites, y creen que ahí tenemos el paraíso terrenal. Esto proviene particularmente de la ideología del movimiento del 68. Esa imagen de la represión de la sexualidad se corresponde con una interpretación freudiana del hombre muy grosera y mecanicista, que permanece todavía en muchas cabezas, aunque hace mucho que fue superada. Desde la revolución sexual, sobre todo, hay varones que son de la opinión de que deben realizarse sexualmente, porque si no, podrían enfermar. La sexualidad se experimenta aquí como una necesidad imperiosa, y no ya como algo dirigido y controlado por la razón.
– ¿Sería menor la indignación ante los casos de abusos, si los sacerdotes católicos no estuvieran obligados al celibato?
– Puede ser que las emociones no se dispararan tanto si no estuviera de por medio el celibato, que resulta molesto para la mentalidad de hoy, porque muestra que un hombre puede contener sus apetitos sexuales por causa de un gran amor. Esto es algo que molesta a la ‘sociedad de la diversión’, que por eso arremete contra este bastión. Si los sacerdotes se casaran, no destacarían tanto, sino que serían como ‘uno de nosotros’. Es interesante ver que, en las Iglesias orientales, donde hay sacerdotes casados, se estima más a los célibes. También en las culturas monacales budistas se entiende que una vida consagrada a lo espiritual va unida al celibato.
El celibato como apertura a lo trascendente
– ¿El celibato puede dar lugar a una patología?
– El celibato puede hacer enfermar, si se vive incorrectamente. El celibato nunca es una forma de vida en sí mismo, sino que, desde una perspectiva psicodinámica, es humanamente un déficit, un desequilibrio, una herida. Pero este déficit hace posible una inmensa apertura a lo trascendente; por eso hay formas de vida célibe en todas las culturas. El celibato no puede explicarse sin el fenómeno de la fe y de la relación de amor con Dios. Cuando un hombre célibe no cultiva una intensa relación con su amor, esto es, con Dios, entonces se marchita humanamente o no aguanta.
También es importante que un hombre célibe sepa qué es una mujer y cómo relacionarse correctamente con ella. Demasiada intimidad y apertura puede conducir fácilmente a una situación de bloqueo. Por motivos profesionales, he conocido a varios sacerdotes que se han deslizado hacia relaciones amorosas que, de hecho, no querían en absoluto. Casi siempre, en un principio, el afectado no había sido sincero consigo mismo. Con frecuencia, afirmaba un anhelo pastoral, hasta que la creciente intensidad de la relación se transformó en corporal. En el origen está el déficit emocional de la soledad, que, en una relación sana con Dios, se llena con la oración. Cuando se descuida la oración por el estrés o el activismo, o se la vacía de contenido, el sacerdote se hace propenso a tales naturales deseos humanos.
–¿El celibato puede ser un “yugo ligero” para algunas personas, y en cambio, muy pesado o incluso insoportable para otros?
– Naturalmente, el impulso natural se acentúa de modos distintos, pero eso tiene mucho que ver también con experiencias previas, con fantasías y recuerdos. La capacidad de moderar el instinto sexual y de humanizarlo se denomina virtud de la templanza, que también ha sido redescubierta por psicólogos ateos como Martin Seligman. El objetivo es, como dice Tomás de Aquino, la armonía de la paz interior. Templanza significa conseguir un orden interno, en el que las propias fantasías y deseos se valoran correctamente y se cultivan o se reducen. Esto no sólo es válido para la sexualidad. Viktor Frankl dijo, con respecto a la auto-observación hipocondríaca: “Sólo el ojo enfermo se ve a sí mismo”. De modo similar, uno podría decir: “Sólo el sacerdote enfermo se mira a sí mismo; el sano tiene su confianza y sus ojos dirigidos hacia Dios”. Alguien que ha entregado completamente su vida empieza a patinar cuando comienza a buscarse a sí mismo o a realizarse egocéntricamente.
Seleccionar a los seminaristas
– Algunos opinan que quien opta por el celibato debe al menos tener, en lo sexual, conocimiento de aquello a lo que renuncia.
– Sí, por supuesto, deben saber a qué renuncian, pero no necesitan haberlo experimentado. Un psiquiatra no debe haber probado la heroína para ser un buen terapeuta en drogodependencias. La experiencia sexual no lo es todo. Un seminarista debe sobre todo tener experiencia espiritual.
– Hemos hablado sobre si el celibato puede hacer enfermar. Pregunto de otro modo: ¿Puede esta forma de vida atraer a personas inseguras o perturbadas en su sexualidad?
– No se puede descartar que atraiga también a personas de estas patologías. Personas que no se pueden relacionar con el otro sexo encuentran aquí una forma de vida en la que pueden pasar desapercibidas. Esto es especialmente problemático cuando hay personas que quieren vivir otra forma, enferma, de sexualidad, que daña a otras personas. Hay que tener mucho cuidado con quién entra a los seminarios, porque solo un hombre psíquicamente sano y estable es apto para la vocación sacerdotal.
– ¿Es posible que haya habido hombres con tendencias pederastas que se escondieran tras una sotana para pasar desapercibidos, o para protegerse de sus propias inclinaciones?
– Muchas personas con tendencias pedófilas van a parar al matrimonio; otras, al sacerdocio. De algún modo, uno piensa que debe hacer su vida cuando descubre en sí ese tipo de inclinaciones. Quizá piense que las tiene bajo control, o que la consagración sacerdotal le ha curado. Sigmund Freud afirma que la sexualidad es polimorfa y que tiene un lado perverso, y ahí algo tiene de razón. En una relación sexual normal, la mujer suele ser el correctivo. Pero si la sexualidad es vivida en soledad, por ejemplo, en términos de autoerotismo y pornografía, entonces no existen ya límites. La represión de la sexualidad es generalmente beneficiosa, cuando existen inclinaciones degeneradas. Me refiero al control de los pensamientos, de las fantasías; a no mirar indiscriminadamente la televisión. Así desaparecen la mayoría de las fantasías desviadas, que siempre están relacionada con una hipersexualidad, y permanecen las inclinaciones sexuales sanas.
Detectar trastornos de personalidad
– La relativización social de la pederastia proviene de ámbitos muy distintos.
– La psicología de la década de los 70 pretendió hacer creer que no existía nada intrínsecamente malo, o incluso que todo estaba bien, si la relación era consentida. En la década de los 70 y de los 80, hubo movimientos de liberación sexual que asumieron la defensa de la pedofilia. Un conocido político del Partido Verde alemán, aún en 1988, pidió la despenalización de la pedofilia consentida, una tesis de la que poco después se distanciaría. En aquel momento, era partidario de un movimiento por la despenalización y “despatologización” de las formas alternativas de sexualidad.
– ¿A qué se debe prestar más atención en la formación de sacerdotes? ¿Es posible detectar tendencias sexuales desviadas para descartar a los candidatos afectados?
– Por lo general, a lo largo de años de convivencia con los candidatos se ve si son o no apropiados. Los pedófilos suelen tener otros trastornos de personalidad que pueden detectarse. Uno ve, por ejemplo, cómo una persona se relaciona con los demás, y si es apto para servir y es capaz de obedecer. Ésas son virtudes que no están de moda, pero que muestran si alguien es psíquicamente sano, porque es capaz de no ponerse a sí mismo en primer plano, y ponerse al servicio de los demás. Cuando alguien debe ponerse siempre a sí mismo en primer plano, y necesita brillar, demuestra que se preocupa más del propio ego que de los demás. Eso es peligroso.
– ¿Es posible una educación para la castidad y el celibato en el seminario?
– Sí, y es absolutamente necesaria. El seminario está para enseñar la castidad sacerdotal. La aceptación de la propia sexualidad plena y de su hombría capacita al sacerdote para ser pastor paternal de otros. Eso incluye también enseñar a los hombres jóvenes a desarrollar su sexualidad desde la perspectiva del amor, como suelen integrarla naturalmente.
– ¿Qué puede aconsejar el psiquiatra a un sacerdote que flaquea en estos terrenos?
– Debe apartar la mirada de sí mismo y dirigirla a los otros, a su relación con Dios y a su ministerio sacerdotal. Normalmente los problemas sobre la castidad son problemas de personas que dedican demasiado tiempo a sí mismas. Cuando uno navega durante horas en Internet no puede sorprenderle que le asalten ideas estúpidas. La soledad y la sensación de que la propia vida carece de sentido son consecuencia de una falta de relación con Dios. Yo trato a personas adictas al sexo en Internet y casi todas ellas tienen problemas de relación con los demás. Por eso digo que los sacerdotes con este problema tienen un problema de pareja… con Dios. Y el yo es polimórficamente perverso. Cuando hay un problema, en todo caso hay que reconocer la dimensión patológica, y buscar ayuda profesional, sin avergonzarse por ello.
Traducción: Ricardo Benjumea.
TOMADA DE WWW.ELTESTIGOFIEL.ORG
domingo, 2 de mayo de 2010
HOMILÍA QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO PASCUAL
† Lectura del santo Evangelio
según san Juan (13, 31-33. 34-35)
Gloria a ti, Señor.
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Después de habernos relatado las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos y discípulas, la Iglesia vuelve su mirada sobre el mandamiento más importante que nos dejó Jesús. Si bien fueron muchas las cosas que encomendó a los Apóstoles y por medio de ellos a nosotros, el Señor ha querido sintetizar todo en aquello que es fundamento de cualquier otra acción, el amor.
Después que salió Judas: es en el ámbito de la última cena, cuando Judas se va para entregar a Jesús por treinta monedas de plata. Jesús lo sabía. Cualquiera de nosotros en esa situación seguramente nos pondríamos a despotricar contra Judas, buscaríamos el modo de escondernos, de buscar ayuda, de armarnos para defendernos. El Señor en cambio nos sorprende con sus palabras suaves, profundas, seguras. Palabras que van acompañadas con su ejemplo. Su discípulo, el que Él había elegido para que estuviera junto a sí, es el primero en traicionarlo y Jesús nos habla del amor!!! Él ve en la entrega la gloria de Dios. No se mira a sí mismo, sino la gloria de Dios que se cumplirá en Él.
Hijitos míos: palabras de ternura profunda, ve en los discípulos a unos niños, los trata como se trata a un niño pequeño, con ternura.
Aún estaré un poco con ustedes: la hora ha llegado, será apresado, torturado y asesinado. Pero no le preocupa eso, sino aprovechar el tiempo para dejar su enseñanza más importante.
AMENSE LOS UNOS A LOS OTROS: ¿qué es el AMOR? qué palabra tan bella y cuánto encierra en sí misma!!!! El amor es difícil de definir. En todo caso se lo puede describir por sus resultados, por sus frutos, por lo que va haciendo en nosotros. El Papa nos ha enseñado en Cáritas in veritate la diferencia que existe entre el eros (amor humano) y el Ágape (Amor divino). El amor meramente humano es egoísta, absorvente, envidioso, lujurioso, celoso, inseguro. Busca la propia satisfacción poniendo en el centro al que ama. Por eso Jesús dice COMO YO LOS HE AMADO, y ¿Cómo nos ama Jesús? hasta dar la vida. No se pone Él en el centro, sino que pone al amado, a los amados, a nosotros. Lo que nos pide no es una carga, sino un camino de sanación, de liberación, de vida. Porque el que ama como Jesús es un hombre nuevo, una mujer nueva. El que ama mirando al que tiene enfrente ama de verdad y es capaz de dar la vida. El que no es capaz de eso, en realidad no ama, no sale de sí mismo.
El amor tiene diversos grados según las relaciones. Hay personas a las que amamos afectivamente. Son aquellos que mueven nuestros sentimientos, los que nos afectan. Padres, hijos, esposos, hermanos, amigos. Por ellos sentimos algo. Pero ese amor, que es bueno y necesario no alcanza, porque seguimos estando en el centro, "amo al que me hace sentir bien". Jesús nos enseña a dar un paso más amando incluso al enemigo, a aquél por el que quizás sentimos resentimiento e incluso odio. Es un amor efectivo, que por cierto debemos aplicar a todos, a los cercanos y a los lejanos. Pero para poder amar así debemos mirar a las personas con los ojos de Jesús. ¿Qué ve Jesús en cada persona? su propia imagen. Porque en cada persona, especialmente en cada bautizado, está impreso el rostro de Jesús. Jesús nos enseña a ver lo sagrado que hay en cada ser humano, porque cada uno de nosotros tenemos "un tesoro en vasijas de barro". A veces el barro no permite que veamos el tesoro, pero el tesoro está allí. Cada hermano, cada hermana es como un sagrario viviente en donde está Jesús. Si miráramos a los demás con esos ojos, entonces podríamos amarlos como los ama Jesús.
No pensemos que para amar de ese modo debemos salir a buscar a los hermanos, no es necesario, ellos están allí, es tu hijo, tu hija, tu padre, tu madre, tu esposo, tu esposa, tu hermano, tu amigo. Esos son en primer lugar los que Jesús te puso. Con ellos tenés la ventaja de poder unir las dos clases de amor. Pero no olvides que el más importante es el que viene de Dios. Y después están las personas que cada día se cruzan en tu camino. No insultes al que te quita el lugar en la cola o hace una maniobra incorrecta con su vehículo, rezá por él, deseale el bien. Pedile a Dios que cambie. Tené compasión del que se equivoca. Aprendé a perdonar. Pedí perdón si te equivocás. No hieras la confianza ni los sentimientos. Cumplí con tus compromisos.
Como decía antes, el amor cura todo. Cuando uno es amado se siente seguro, valorado, estimado. Descubre el valor de las pequeñas cosas. Cuando uno ama de verdad, se siente libre, responsable, alegre, importante. El Amor todo lo puede.
Esto parece un ideal irrealizable, pero si el Señor lo manda, habiéndolo cumplido en su propia carne, es posible, porque "nada es imposible para Dios". Si te cuesta ponerlo en práctica, pedíselo a Él: "Jesús enséñame a amar como Vos nos amas".
Si se aman de ese modo serán mis testigos: no nos dejemos arrastrar por el mundo. Hay muchas personas que todavía tienen un pie en el mundo, se dejan atraer por las cosas del mundo y ponen en un segundo plano las cosas de Dios. Son los que aún no están convencidos de pertenecer al Reino de Jesús. Son esos que dicen creer y amar y hasta hablan de Dios y le rezan, pero a la hora de elegir terminan eligiendo por el mundo. Aman al mundo, se aman a sí mismos más que a Dios y al prójimo y por lo tanto su testimonio no sirve.
Somos instrumentos del amor de Dios para los demás. Y los demás no necesitan de nuestras migajas, sino del amor que recibimos para dar.
Hasta la próxima
según san Juan (13, 31-33. 34-35)
Gloria a ti, Señor.
Cuando Judas salió del cenáculo, Jesús dijo: “Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos”.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Después de habernos relatado las apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos y discípulas, la Iglesia vuelve su mirada sobre el mandamiento más importante que nos dejó Jesús. Si bien fueron muchas las cosas que encomendó a los Apóstoles y por medio de ellos a nosotros, el Señor ha querido sintetizar todo en aquello que es fundamento de cualquier otra acción, el amor.
Después que salió Judas: es en el ámbito de la última cena, cuando Judas se va para entregar a Jesús por treinta monedas de plata. Jesús lo sabía. Cualquiera de nosotros en esa situación seguramente nos pondríamos a despotricar contra Judas, buscaríamos el modo de escondernos, de buscar ayuda, de armarnos para defendernos. El Señor en cambio nos sorprende con sus palabras suaves, profundas, seguras. Palabras que van acompañadas con su ejemplo. Su discípulo, el que Él había elegido para que estuviera junto a sí, es el primero en traicionarlo y Jesús nos habla del amor!!! Él ve en la entrega la gloria de Dios. No se mira a sí mismo, sino la gloria de Dios que se cumplirá en Él.
Hijitos míos: palabras de ternura profunda, ve en los discípulos a unos niños, los trata como se trata a un niño pequeño, con ternura.
Aún estaré un poco con ustedes: la hora ha llegado, será apresado, torturado y asesinado. Pero no le preocupa eso, sino aprovechar el tiempo para dejar su enseñanza más importante.
AMENSE LOS UNOS A LOS OTROS: ¿qué es el AMOR? qué palabra tan bella y cuánto encierra en sí misma!!!! El amor es difícil de definir. En todo caso se lo puede describir por sus resultados, por sus frutos, por lo que va haciendo en nosotros. El Papa nos ha enseñado en Cáritas in veritate la diferencia que existe entre el eros (amor humano) y el Ágape (Amor divino). El amor meramente humano es egoísta, absorvente, envidioso, lujurioso, celoso, inseguro. Busca la propia satisfacción poniendo en el centro al que ama. Por eso Jesús dice COMO YO LOS HE AMADO, y ¿Cómo nos ama Jesús? hasta dar la vida. No se pone Él en el centro, sino que pone al amado, a los amados, a nosotros. Lo que nos pide no es una carga, sino un camino de sanación, de liberación, de vida. Porque el que ama como Jesús es un hombre nuevo, una mujer nueva. El que ama mirando al que tiene enfrente ama de verdad y es capaz de dar la vida. El que no es capaz de eso, en realidad no ama, no sale de sí mismo.
El amor tiene diversos grados según las relaciones. Hay personas a las que amamos afectivamente. Son aquellos que mueven nuestros sentimientos, los que nos afectan. Padres, hijos, esposos, hermanos, amigos. Por ellos sentimos algo. Pero ese amor, que es bueno y necesario no alcanza, porque seguimos estando en el centro, "amo al que me hace sentir bien". Jesús nos enseña a dar un paso más amando incluso al enemigo, a aquél por el que quizás sentimos resentimiento e incluso odio. Es un amor efectivo, que por cierto debemos aplicar a todos, a los cercanos y a los lejanos. Pero para poder amar así debemos mirar a las personas con los ojos de Jesús. ¿Qué ve Jesús en cada persona? su propia imagen. Porque en cada persona, especialmente en cada bautizado, está impreso el rostro de Jesús. Jesús nos enseña a ver lo sagrado que hay en cada ser humano, porque cada uno de nosotros tenemos "un tesoro en vasijas de barro". A veces el barro no permite que veamos el tesoro, pero el tesoro está allí. Cada hermano, cada hermana es como un sagrario viviente en donde está Jesús. Si miráramos a los demás con esos ojos, entonces podríamos amarlos como los ama Jesús.
No pensemos que para amar de ese modo debemos salir a buscar a los hermanos, no es necesario, ellos están allí, es tu hijo, tu hija, tu padre, tu madre, tu esposo, tu esposa, tu hermano, tu amigo. Esos son en primer lugar los que Jesús te puso. Con ellos tenés la ventaja de poder unir las dos clases de amor. Pero no olvides que el más importante es el que viene de Dios. Y después están las personas que cada día se cruzan en tu camino. No insultes al que te quita el lugar en la cola o hace una maniobra incorrecta con su vehículo, rezá por él, deseale el bien. Pedile a Dios que cambie. Tené compasión del que se equivoca. Aprendé a perdonar. Pedí perdón si te equivocás. No hieras la confianza ni los sentimientos. Cumplí con tus compromisos.
Como decía antes, el amor cura todo. Cuando uno es amado se siente seguro, valorado, estimado. Descubre el valor de las pequeñas cosas. Cuando uno ama de verdad, se siente libre, responsable, alegre, importante. El Amor todo lo puede.
Esto parece un ideal irrealizable, pero si el Señor lo manda, habiéndolo cumplido en su propia carne, es posible, porque "nada es imposible para Dios". Si te cuesta ponerlo en práctica, pedíselo a Él: "Jesús enséñame a amar como Vos nos amas".
Si se aman de ese modo serán mis testigos: no nos dejemos arrastrar por el mundo. Hay muchas personas que todavía tienen un pie en el mundo, se dejan atraer por las cosas del mundo y ponen en un segundo plano las cosas de Dios. Son los que aún no están convencidos de pertenecer al Reino de Jesús. Son esos que dicen creer y amar y hasta hablan de Dios y le rezan, pero a la hora de elegir terminan eligiendo por el mundo. Aman al mundo, se aman a sí mismos más que a Dios y al prójimo y por lo tanto su testimonio no sirve.
Somos instrumentos del amor de Dios para los demás. Y los demás no necesitan de nuestras migajas, sino del amor que recibimos para dar.
Hasta la próxima
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